Teatro Nacional rinde honor a dramaturgo nicaragüense
Abr06

Teatro Nacional rinde honor a dramaturgo nicaragüense

Por Salvador Espinoza Moncada Sub Director Teatro nacional Rubén Darío Coordinador Programa Fomento, Desarrollo y Promoción del Teatro Miembro Directivo Foro Nicaragüense de Cultura. Adjunto una síntesis del prólogo que escribí en el libro ANTOLOGÍA de Luis Harold Agurto, que publiqué con el sello editorial del Foro Nicaragüense de Cultura: Carmen Chávez, su abuela materna, una mujer de pies descalzos, sin preparación académica, pero con el linaje de una auténtica chamana, le vaticinó el ingenio con su frase lapidaria “vas a ser dramaturgo”, luego de escuchar recurrentemente el anecdotario cotidiano propio de la mente de un niño fantasioso que, en su adolescencia, devoró todas las novelas de vaqueros del español Marcial La fuente Estefanía haciendo con ellas, imaginariamente, sus propios guiones cinematográficos. La perturbadora experiencia de la guerra en la que participó directamente a través del Servicio Militar Patriótico (SMP) lo inundó de dudas e incertidumbre. Luego, atribulado frente a la vida y deslumbrado quizá por la parafernalia teatral y subyugado por los prejuicios ineludibles que la misma sociedad le impuso, Luis Harold se embarcó en una aventura sin límites, desenmascarando y enmascarándose detrás del teatro, redescubriéndose o reinventándose para dar a luz una mente prodigiosa. Perseguido por los designios de su abuela, encontró en la Escuela Nacional de Teatro, una excusa para desentrañar el verdadero significado de la palabra dramaturgia, sin dejar de cavilar en las dualidades e inseguridades que su propia vida le auguraba. Conocí a Luis Harold Agurto cuando iniciaba sus estudios en la Escuela Nacional de Teatro. Tuve la fortuna de compartir escenario con él en 1990 en “La Casona de los balcones”, extraordinaria obra de Carlos Maturana Coronel dirigida por Pepe Prego, cuando aún era estudiante. Al egresar de su carrera como actor, tuvimos la dicha de tenerlo en el papel de Limberth, uno de “los pillos” o “secuaces” del protagónico en “La verdadera historia de Pedro Navaja” que magistralmente dirigió el gran director de teatro musical en Cuba, Nelson Dorr, producida por el Teatro Nacional Rubén Darío en 1992. Para ese entonces, algunas de mis conversaciones con Luis Harold giraban en torno a una serie de tribulaciones que le atormentaban y aguijoneaban el cerebro, provocando incertidumbre del mundo que empezaba a descubrir. Las incomprensiones, las dificultades en la vida conyugal, sus propias vacilaciones y obsesiones, la atracción hacia el mal juzgado mundo bohemio del artista, las aspiraciones de un reconocimiento para sí mismo y el artista en general y la miseria humana del artista, es la materia con que Luis Harold Agurto, construye sus obras. Sin embargo, el más constante de sus temas es el embrujo amatorio en la relaciones de pareja que...

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