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Palo de Mayo- pintura de Augusto Silva - 1

Historia del Palo de Mayo en la Costa Caribe de Nicaragua

Palo de Mayo (en inglésMaypole, o ¡Mayo Ya!) es un tipo de danza afro-caribeña con movimientos sensuales que forma parte de la cultura de varias comunidades de la RACCS de Nicaragua

Así como en BeliceIslas de la Bahía en Honduras, Puerto Limón en Costa Rica, Bocas del Toro en Panamá y Puerto Rico.

Ver más en  Wikipedia

History of May Pole on the Caribbean Coast of Nicaragua. Vídeo por la Bluefields Indian & Caribbean University – BICU.

Somoza: La Toma del Poder —1926-1939

 Somoza: La Toma del Poder 1926-1939

Por Ternot MacRenato

Este estudio echa una mirada escrutadora  a los eventos ocurridos en torno al ascenso de Anastasio Somoza García al poder.  Busca comprender la dinámica operativa de la sociedad nicaragüense que hizo posible este acontecimiento. Se enfoca en cómo Anastasio Somoza García utiliza a los Estados Unidos para conseguir sus objetivos y apoderarse del poder en vez del cómo los Estados Unidos sean quienes lo usen a él.

El estudio también examina el comportamiento de la élite política de ese período que incluía —y no se limitaba a—- los usos de los vínculos familiares, el mecenazgo político y el nepotismo, y el uso del Estado como patrimonio familiar.

Los años en que Somoza sube al poder son examinados en el contexto de las políticas de esa época. Estas políticas incluyen el comportamiento de los dictadores en América Central, así como las reacciones de las naciones centroamericanas en lo referente a la toma del poder por los dictadores vecinos.

El comportamiento de los Somoza reflejaba una doble moral que jugó un papel importante en el ilegal ascenso de Somoza García  al poder.

Este trabajo tiene como argumento central que Somoza manipuló a los hacedores de la política exterior de los Estados Unidos o a sus representantes en Nicaragua, hasta tal punto que antes no habría podido ser creído o reconocido.

Somoza fue extraordinario para jugar bien las cartas de los Estados Unidos. Su constante tête-à-tête con el Ministro de la legión americana dio la impresión que toda actuación suya tenía el visto bueno  de los Estados Unidos. Somoza dio tal impresión de diferentes maneras, en su trato con otros políticos o en sus pronunciamientos públicos.

Cualquier negativa de la Legación Americana fue siempre blanda o escrita de tal forma que el pueblo nicaragüense nunca lo tomó en serio. Tal vez las diferencias culturales explican como el pueblo nicaragüense interpretaba cualquier expresión de la Legación Americana respecto a Somoza.

Indiscutiblemente, Somoza se aprovechó de cualquier situación ambigua presente en las políticas de los Estados Unidos. Nadie antes que Somoza García había jugado con las cartas americanas tan bien y exitosamente como él.

La manipulación tan astuta de Somoza de la Guardia Nacional es examinada en grandes detalles. El acostumbraba a ayudar de manera efectiva para organizar nacional y departamentalmente a los comités locales que apoyaban su candidatura presidencial. Los retos más serios al liderazgo de Anastasio Somoza García, también son acá examinados de manera exhaustiva.

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 Tabla de Contenidos

Capítulo 1: La crisis liberal 1909-1912

Capítulo 2 : La génesis de un protectorado

Capítulo 3: La guerra de 1926

Capítulo 4: Una respuesta no elitista a la intervención de EUA

Capítulo 5: Anastasio Somoza: los primeros años

Capítulo 6: Una nueva elite toma el poder

Capítulo 7: Somoza lucha por el poder

Capítulo 8: Un golpe de Estado en medio de la pobreza

Mapa de Nicaragua

Anexos

Ensayo Bibliográfico

Bibliografía

EDDY KÜHL PRESENTÓ SU LIBRO :QUIENES CONSTRUYERON NICARAGUA, CONCIBIERON, DISEÑARON Y CREARON

EDDY KÜHL PRESENTÓ SU LIBRO :QUIENES CONSTRUYERON NICARAGUA, CONCIBIERON, DISEÑARON Y CREARON

YA ERA TIEMPO…

Por José Francisco Terán Callejas

Sí, ya era tiempo de que se escribiera la historia de las obras de construcción que se han hecho en Nicaragua y de muchas otras obras que no son necesariamente construcción, pero que constituyen parte del patrimonio inventivo como el de un “terrocarril”, un trencito sobre ruedas de hierro que inventaron los matagalpinos para sacar su café a un punto mucho más cercano al puerto de Corinto, sin necesidad de dar la larga vuelta hasta Managua.

Y en dichas historias aparecen en este compendioso y mágico libro los eventos y las circunstancias, los autores y los actores, los beneficiados que al fin y al cabo son siempre los mismos: los seres humanos y los pueblos que a través de la historia han vivido en Nicaragua.

En el libro Quienes construyeron Nicaragua… Eddy Kühl Arauz enfrenta las realidades que a través de la historia han sucedido en Nicaragua y con su característica acuciosidad relaciona la geografía con la historia y penetra en esas realidades buscando el propósito de cada evento, de la iniciativa de cada persona o de cada grupo, sean estos nativos o extranjeros, indios, españoles, franceses o sajones.

Gentes de todos lados que vivían o llegaron porque deseaban gozar del clima, de la fertilidad de los suelos, las riquezas mineras y las bendiciones de los dos grandes lagos, lo extraordinario o verdaderamente único del paisaje nicaragüense.

Y a cada grupo, familia o individuo que ya vivía en Nicaragua o que llegó a pie o en mulas o en barcos, el autor le encuentra su propósito, su manera particular de desarrollar sus actividades, de relacionarse y de hacer obra.

Solamente una persona del talento, la cultura y la dedicación dotada del acucioso carácter de Eddy Kühl, atento siempre al detalle, fanático de relacionar los hechos y las personas, como lo hace a diario en facebook y otras redes sociales, pudo haber logrado este libro y proyectarlo en un nicho único de nuestra literatura nicaragüense.

A su favor tiene la geografía y la historia extraordinarias de un país, Nicaragua, que por su ubicación al centro del continente americano y entre los dos grandes océanos tenía por fuerza que ser el cruce de gentes del norte y del sur, del este y del oeste.

Allí llegaron desde los tiempos precolombinos los nahuas del norte y los chibchas del sur. Luego del este, los piratas ingleses y los moradores de las islas del Caribe, los europeos y los africanos.

Kühl nos relata en forma breve, rápida pero exacta la interacción de todos estos inmigrantes con los que podríamos llamar “nativos”, o sea, los que habían nacido y habitaban ya esas tierras cuando los inmigrantes llegaron después del descubrimiento por Colón en su cuarto viaje, en 1502.

El otro hecho importantísimo que ha impactado nuestra historia es nuestra geografía y nuestra geología.

Es precisamente a través de Nicaragua donde el hemisferio norte cambia de rumbo y cruza hacia el sur-este forma que los geólogos llaman “la gran Depresión de Nicaragua”, desde el Golfo de Fonseca y a través del conjunto de deltas y ríos hasta formar el lago de Managua y luego seguir hasta el Atlántico, dejando en el camino los charcos de Genízaro y Tisma para llegar a nuestro Gran Lago, nuestro Cocibolca o el “Mar Dulce” como lo llamó Gil González, a desembocar al Alántico por nuestro río San Juan en Georgetown.

Esta geografía, con sus consecuencias geológicas, forma la cadena impresionante de volcanes, los ríos caudalosos y las bellísimas montañas; en especial las grandes extensiones de fértiles valles y llanuras aptas para todo tipo de cultivo.

Por derecho natural aquí tenía que desarrollarse una civilización multicultural en todos los tiempos, desde que llegaron los nahuas del norte, quizás los mayas, y los que llegaron del sur, del este y del oeste.

Contrario a lo que sucedía en países como Guatemala y Honduras, donde los indios vivían o se refugiaban en las altas montañas que los protegieron de las esclavizantes redes que los conquistadores tendían para cazarlos, tirarlos a los barcos y venderlos como esclavos, Nicaragua, donde la gran mayoría de los nativos vivía en las fértiles planicies alrededor de los lagos, fue la gran suplidora de esclavos, cuatrocientos mil de acuerdo con algunos historiadores, dejándonos para 1562 con una población de solamente veintiocho mil habitantes.

Pero la fuerza de su posición geográfica pronto estableció el flujo de gentes de todas partes y bajo la protección de las nuevas leyes promulgadas por los soberanos españoles, Carlos V y Felipe II, y predicadas por fray Bartolomé de las Casas, Nicaragua comenzó a rehacerse, a multiplicar sus gentes y sus actividades productivas, su cacao y su maíz, las deliciosas frutas, los hatos de ganado y, en fin, toda la vida que produjo nuestra cultura colonial, el desarrollo de las ciudades fundadas por Francisco Hernández de Córdoba, León, Granada, Ciudad Antigua y las construcciones de casas y templos, colegios, cuarteles, etc.

Eddy Kühl en su narración histórica, especie de preámbulo a la sustancia del libro que es “las obras y sus autores”, se refiere ampliamente al desarrollo de nuestra extraordinaria arquitectura colonial que floreció desde mediados del siglo XVI hasta nuestra independencia en 1821 y más allá, como sucedió con las catedrales de León, Granada y Matagalpa, hasta las primeras dos décadas del siglo XX.

Las primeras dos ciudades fundadas por Hernández de Córdoba, León y Granada, fueron ubicadas en las orillas de los dos grandes lagos.

Hay que tomar en cuenta que en España no hay lagos y que al encontrarse con esas dos fuentes de agua potable, con sus correspondientes riberas, vistas y ricos suelos, a menos de 50 kilómetros de distancia, parecía evidente que había que desarrollar dos ciudades, la primera que llamaron León y la segunda Granada.

No se imaginaron los colonizadores españoles que estos dos “polos de desarrollo”, como los llamaríamos hoy en día, se tornarían en acérrimos rivales. O sea que nacimos ya con cierta bicefalia que con el tiempo se convertiría en el fenómeno histórico de mayor relevancia y que subsiste hasta hoy en día.

Pero lo que puntualiza Kühl es el desarrollo arquitectónico y urbanístico tan contrastante, entre el León que en 1610 tuvo que internase varias leguas adentro para alejarse de las erupciones del volcán Momotombo y que gozó de un trazo urbanístico neoclásico, con Granada, que siempre ha estado en su mismo lugar, adaptada a una suave topografía natural que baja hasta la ribera del Gran Lago.

Más tarde, a mediados del siglo XVIII hasta la independencia y aun después, la construcción de iglesias, conventos y hospitales se dispara culminando con las dos grandes catedrales, la de León, diseñada por un hijo o nieto del famoso arquitecto de la Antigua Guatemala, Diego de Porres, y las de Granada y Matagalpa, después del incendio de Granada, y en los años sesenta del siglo XIX, diseñadas y construidas por Andrés Zapatta, de origen italiano.

Alguna vez, en cierta conferencia en Granada, comparaba yo las dos ciudades: León, con un trazo urbanístico fuerte, racionalista y clasicista con grandes edificios, como si los españoles pensaron que algún día tendría un millón de habitantes, una especie de Florencia, y Granada, suave, encantadora, adaptada a su topografía natural como Venecia.

Talvez esto explica por qué tantas familias de origen italiano (Favilli, Ferreti, Pellas…). buscaron ubicarse en Granada. Recuérdese también que el padre de nuestra conquista, Pedrarias Dávila, aun después de haber conquistado el Perú, prefirió hacer de León la capital de su imperio en vez de irse, digamos a Lima, donde instaló a sus lugartenientes.

Precisamente en el León original, el que hoy llamamos “León Viejo”, a las orillas del Lago de Managua se encuentran sus restos en las ruinas de la vieja catedral.

Kühl usa profusamente las citas de famosos viajeros que visitaron Nicaragua a mediados del siglo XIX, principalmente de E. G. Squier (Ephraim George Squier, 1821-1888), quien llegó a Nicaragua como representante de los Estados Unidos para Centroamérica y escribió sus memorias Nicaragua, sus gentes y paisajes, publicadas en 1852, antes del problema de Walker y de Vanderbilt y antes de que la capital de Nicaragua fuese trasladada a Managua.

La obra original de Squier era Nicaragua: Its people, scenery, monuments, and the proposed interoceanic canal y tiene lindos dibujos hechos a mano del paisaje, los volcanes y muchos otros detalles de Nicaragua.

Por alguna decisión histórica, que yo ignoro, la Corona española, bajo la influencia del enorme genocidio de la caza de los humildes indios nicaragüenses, decidió reparar los hechos del pasado con un programa intenso de colonización y, por lo tanto, de construcción en Nicaragua.

Después de las aventuras de Pedrarias, de sus hijos y aun de sus nietos, en especial de Hernando, que asesinó al obispo Valdivieso, España se volcó hacia Nicaragua con especial esmero, desarrollando escuelas y conventos y una cantidad de iglesias y parroquias que a este día subsisten como testigos del gran auge colonial del que gozó el país.

Pero el hecho más trascendente, tal vez de nuestra historia, fue la decisión tomada alrededor del año 1857, después de la expulsión del filibustero William Walker, de mover la capital oficial de Nicaragua de León a Managua. Dada la poca construcción y escasez de facilidades que ofrecía Managua para ser una verdadera capital, era necesario construir una nueva ciudad.

En nuestro mundo contemporáneo solamente Brasil tomó la decisión de hacer una nueva capital a mediados del siglo XX. Nicaragua tenía ya unos 36 años de haberse independizado de España. No existían ni los recursos humanos, arquitectos y artesanos, ni los medios económicos para invertir en hacer una nueva capital. Por diferentes circunstancias, el país sufría de una de sus tantas depresiones económicas.

Pero la decisión se mantuvo y lo que en este extraordinario libro narra Eddy Kühl es realmente la consolidación de Managua, la suerte de que a partir de 1863 se inicia un período de gran estabilidad política, el llamado “período de los 30 años”, con gobiernos democráticos de corte conservador, pero en muchos aspectos gobiernos progresistas que quieren hacer de Managua una verdadera capital y, así, construyen el ferrocarril de acceso a las varias ciudades del Pacífico, uniendo efectivamente Corinto, Chinandega, León, Masaya y Granada.

Todas estas mejoras implicaban investigación para determinar las rutas, ingeniería para buscar los mejores trazos tanto horizontales como las pendientes adecuadas. Luego, la construcción misma de los tramos y la operación del ferrocarril.

odos estos pasos implicaban la necesidad de expertos, generalmente extranjeros, principalmente ingleses y alemanes, que en muchos casos se quedaron a vivir en el país.

En el aspecto cultural, el presidente Cárdenas consigue que el gran orador español don Emilio Castelar compre por cuenta del gobierno un importantísimo núcleo de libros, entre ellos la colección completa de Rivadeneyra y la Historia de los heterodoxos españoles, las traducciones de La Ilíada, La Odisea, centenares de libros traducidos del latín y del griego, la colección de la cual el joven poeta Rubén Darío se nutrió de lo más relevante de la literatura universal, en especial la española, pero también de las mitologías griega y romana que tanto le servirían para su futuro como el más grande poeta de habla hispana, gloria inmortal de Nicaragua.

Y después de este período de consolidación, que verdaderamente fortaleció la decisión de mover la capital a Managua, proyecto que pudo haber fracasado por su endeble estructura e infraestructura, si algún presidente, digamos del “período de los 30 años” hubiera decidido rebelarse y regresar la capital a León o a Granada; por lo contrario, la nueva capital se consolida y se lanza de lleno como la “nueva capital de Nicaragua”, hecho único en la historia no solo de Centroamérica, sino de todo el continente americano.

El “período de los 30 años” termina cuando su último presidente, Roberto Sacasa, trata de reelegirse y entronizase en el poder. Estalla la llamada Revolución Liberal y a su cabeza está un hombre nicaragüense, estudiado en Francia, experto en artes militares como exalumno de Saint Cyr, de nombre José Santos Zelaya.

Zelaya triunfa y se convierte en presidente y dictador de Nicaragua desde 1893 hasta 1909. No vamos aquí a extendernos en la profunda transformación política que Zelaya, un liberal, de izquierda como diríamos hoy en día, introduce en Nicaragua.

Lo importante es que no solamente introduce cambios fundamentales en la educación y liberaliza el pensamiento y la educación hacia un liberalismo si no ateo por lo menos no apegado a la religión, sino que introduce al mismo tiempo cambios sustanciales en la arquitectura de la naciente capital: Managua.

En cierto sentido, Zelaya, nacido en Managua, fue quien comenzó a darle a Managua la fisonomía de una ciudad capital. A los edificios severos que habían albergado a los gobernantes de “los 30 años”, Zelaya se lanza con todo su bagaje afrancesado, para construir los primeros edificios públicos como el Palacio del Congreso, la Casa Presidencial y el Ayuntamiento.

La gran obsesión de Zelaya, siendo un legítimo Managua, era hacer de esta una ciudad que no solamente albergara el gobierno, sino que representara, en sus edificios, la grandeza y dignidad de una capital.

Para entonces, finales del siglo XIX y comienzos del XX, Kühl nos describe los principales edificios que adornaban la nueva capital de Nicaragua. Edificios dieciochescos, afrancesados como lo era el propio general Zelaya: un “palacio” para los legisladores, otro para el presidente, y así la Managua que existía antes del terremoto de 1931.

Todo está detallado por Kühl en la excelente cronología de los principales edificios construidos después de la Independencia.

Más o menos desde 1912, Nicaragua estuvo ocupada por las fuerzas de la Marina estadounidense, que por diversos motivos, ahora políticos, otrora económicos, como la defensa de las inversiones de la United Fruit Company en las grandes plantaciones de bananos, intervenían y pronto se convirtieron de hecho en una especie de ejército de ocupación.

Nada significativo se construyó durante los 21 años que estu-vieron los marines en control de Nicaragua.

En las vísperas de su retiro, en 1933, realmente en 1928, el presidente Mon-cada había hecho construir en Managua el llamado Palacio Presidencial, totalmente de corte morisco, pero ya de concre-to, un nuevo material. ¿Cómo llegó este material a ese palacio?

Fueron estos los años preterremoto de 1931, cuando apareció don Pablo Dambach, ingeniero y arquitecto, de origen franco-suizo, y que llegó a Nicaragua con el propósito de fundar la primera industria del cemento, ya no la puzolana natural que se encuentra en los caminos, sino la mezcla de arena y cal, sometida a altas temperaturas para crear un material nuevo en Nicaragua y que tendría un impacto extraordinario en la industria de la construcción: el cemento.

Y como era necesario desarrollar proyectos que usaran el nuevo material: la Catedral de Managua, la carretera a San Rafael del Sur y luego hasta Masachapa y Montelimar, y ya bajo el diseño del primer arquitecto nicaragüense, Julio Cardenal Argüello, graduado en la Universidad Católica de América en Washington, D.C., un verdadero portento de la arquitectura nacional son el Palacio Nacional, el Estadio, docenas de casas particulares en los nuevos barrios de Managua, Sajonia y Bolonia y muchas otras obras civiles y religiosas. Su obra maestra es, sin duda, el Palacio de Comunicaciones de estilo predominantemente art déco.

Kühl cubre en este libro todos los detalles del tiempo, las personas, los actores y autores de numerosos edificios de esa época, 1938-1950. Hay un cambio político en 1950 con el pacto libero-conservador, que es un acuerdo para dividirse el poder entre liberales y conservadores.

Llega la primera misión del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial a Nicaragua; Estados Unidos implementa los programas bajo el llamado “Punto Cuarto”, una especie de acto de balance de la política exterior de los Estados Unidos con el Plan Marshall de reconstrucción de Europa.

Y con el “Punto Cuarto” nos llega no solo la campaña del DDT contra la malaria, sino la asistencia necesaria para establecer la Oficina Nacional de Urbanismo que el Departamento de Estado encarga a la Escuela de Urbanismo de la Universidad de Pittsburgh.

La década de 1950-1960 ve aparecer varias firmas constructoras, en especial SOVIPE (Solorzano, Villa Pereira), Barberena, Solís, Carrasquilla y numerosos buenos maestros constructores como Ofilio Aranda y Armando Guido.

Con la muerte de Anastasio Somoza García, en 1956, sube al poder su hijo Luis Somoza Debayle, ingeniero graduado en Luisiana, civilista, de una extraordinaria visión política inclinada hacia el desfasamiento de la familia Somoza del poder y hacia un estado sólidamente democrático.

Dentro de este contexto promueve una serie de cambios en la constitución prohibiendo la reelección, afirmando los derechos a la libre expresión, el derecho de los obreros a sindicalizarse, la fundación del Banco Central y del Instituto de Seguridad Social (INSS).

En el panorama de la construcción aparecen los nombres de Constantino Lacayo Fiallos como ministro de Obras Públicas y el ingeniero Modesto Armijo, quien había ya adquirido una sólida reputación en México como el mejor ingeniero en asuntos de puentes y desarrollo vial, como ministro de Economía.

En este libro, Eddy Kühl narra con lujo de detalle lo que estos profesionales hicieron, cómo lo lograron, cuáles fueron sus principales propuestas y logros, en fin, un sinnúmero de detalles de gran trascendencia para entender bien su papel y sus logros.

Fueron las reformas políticas propulsadas por Luis Somoza y colaboradores, y la implementación de actos concretos de progreso económico en obras significativas de infraestructura junto con el enorme impacto del cultivo del algodón y su exportación a precios beneficiosos los que originaron la “la edad de oro” del desarrollo de obras ya de otra magnitud; el edificio del Instituto Nacional de Seguridad Social (INSS) (1960), el del Banco Central (1962), el Banco Nicaragüense (1965), el Teatro Nacional Rubén Darío (1967), el Banco de América (1968) y el edifico de ENALUF (1970).

En 1966 el primer gran proyecto de vivienda financiado por el sector privado fue Ciudad Jardín, con 900 casas, seguido de Bello Horizonte con 2800; Jardines de Veracruz, con 3000; el proyecto de vivienda mínima financiado conjuntamente por el sector privado (AISA) y el Banco de la Vivienda de Nicaragua (BAVINIC) con 1000 casas, Colonial Los Robles, Los Robles, Linda Vista, Valle Dorado, Villa Fontana y otros, un total de casi 20 000 viviendas financiadas principalmente por entidades privadas nicaragüenses con algunas garantías para el financiamiento hipotecario en beneficio de los usuarios por parte de la Agencia para el Desarrollo Internacional (AID) dentro del programa llamado de Garantías para la Vivienda, parte del programa Alianza para el Progreso, instituido por el presidente John Kennedy y continuado por el presidente Lyndon B. Johnson.

Inafortunadamente la década subsiguiente, de 1970-1979, fue impactada no solo por la crisis económica derivada de la súbita caída de los precios internacionales de nuestros principales productos agrícolas (algodón, café y azúcar), sino por el tremendo impacto del terremoto del 23 de diciembre de 1972, que destruyó el 75% de Managua.

Superada la fase inicial de muerte y destrucción, lo que sobrevino fue una era errática de intentos por reconstruir, construir, ordenar la infraestructura urbana, sostener la gran avalancha de intereses de extranjeros en lo que se suponía ser “el gran negocio de la reconstrucción”.

Y en el desorden posterremoto, fuera de la reconstrucción de algunas obras básicas como los hospitales de Managua y sus mercados, sobrevino la Revolución de 1979 y la casi paralización de las actividades constructivas hasta 1991, cuando se iniciaron las obras de construcción de la Catedral Metropolitana de Managua, financiada por un donante de los Estados Unidos, Thomas S. Monaghan, planificada por el arquitecto mexicano Ricardo Legorreta y construida con la colaboración de un grupo de arquitectos e ingenieros nicaragüenses, como Alberto Marín, Orlando Bermúdez (Popito), Carlos López, los contratistas Francisco Reyes, Mario Montenegro, Pedro Cuadra; todo bajo la dirección y coordinación de quien escribe este prólogo.

Como fin de esta introducción debe hacerse énfasis en que si bien las obras de construcción son las más llamativas y pre-ponderantes, hay miles y miles de objetos, vehículos, indus-trias y todo tipo de artefactos que el libro de Eddy Kühl Quie-nes construyeron Nicaragua…

Describe así como la historia relata de las personas, a veces familias enteras, muchas pro-cedentes del exterior, que las introdujeron, las inventaron y las desarrollaron.

Lo que hoy vivimos en Nicaragua tiene muchos orígenes igual que lo que vivieron nuestros antepa-sados, desde los tiempos prehistóricos al presente.

Key Biscayne, Florida, 21 de agosto de 2015