El cofre de los sueños de Luis Rocha ante la Dialéctica de la Ilustración
Sep24

El cofre de los sueños de Luis Rocha ante la Dialéctica de la Ilustración

Por Christian Hopp /Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia (Alemania) El cofre de los sueños es el primer libro de literatura infantil que ha publicado Luis Rocha. Lo que muchas veces sucede es que libros que llevan el apelativo “literatura infantil” no reciben la atención crítica que realmente merecen. Ese defecto se debe sobre todo al mismo mercado comercializado de libros, que forma parte de la industria cultural, que según los filósofos Horkheimer y Adorno, solo busca comercializar literatura, música, etc. Para lograr eso, la industria cultural tilda las obras particulares de cierta categoría pensando en el posible público consumidor: “Distinciones como las que se establecen entre películas de tipo A y B, o entre historietas en revistas de distintas categorías y precios, más que resultar de la cosa misma, sirven para clasificar, organizar y manejar a los consumidores.”[1] La consecuencia de ese afán clasificador, que los filósofos de la Escuela de Fráncfort atacan tan severamente, es que, p. ej., libros de la categoría infantil no entran al círculo iluso de la supuesta “alta literatura”, porque los mismos críticos y académicos, que ni siquiera los leen, consideran esos libros de literatura fácil, de poca profundidad y por ende, de poco valor. Así ignoran que en la “literatura infantil” se abren los mismos campos de batalla de ideas estéticas y de ideologías que en la “alta literatura”. El cofre de los sueños es un buen ejemplo de eso, porque detrás de la trama del niño Yo no sabo, quien busca su nombre, se encuentra nada menos que la lucha entre la razón y el poder de la imaginación. La imaginación está presente, sobre todo, en el poder de los sueños que Luis Rocha reivindica en figuras como el niño Yo no sabo, don Quijote y el Ángel sin tiempo. Esa dicotomía es un tema frecuentemente discutido tanto en la filosofía como en la literatura. Es famoso el ejemplo de la novela Hard Times de Charles Dickens, quien lleva los polos opuestos a tales extremos que la razón con sus hechos científicamente comprobables se ve representada en el profesor Thomas Gradgrind, quien exige de sus alumnos que se aprendan de memoria la definición científica de lo que es un caballo, mientras que la fantasía y la imaginación están presentes en el ambiente carnevalesco del circo. Como es sabido, la filosofía de la Ilustración y sus precursores como Francis Bacon o el fundador del Racionalismo René Descartes han elevado la razón humana a la posición de ser el supremo principio, según el cual, hay que ver y entender el mundo. El Romanticismo ha puesto en duda la razón humana y le da más...

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