Cinco poetas y un músico

El cantautor Javier Alonso, de Uruguay ofreció un musical con versos de poetas latinoamericanos y de Rubén Darío, este fue alternado con poesía de Cristhofer Montero, de Costa Rica; Blanca Castellón, Marta Leonor González, Madeline Mendieta y Enrique Delgadillo, de Nicaragua.

Rodrigo Labardini, embajador de México en Nicaragua, al presentar a los poetas, destacó el evento de la noche como un “diálogo entre música y voces”; asimismo aprovechó la presencia del público para …

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Cultura / La Prensa

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Poemas en una vasija de barro

lluvia en veranoPor Isolda Rodríguez Rosales  

Emergiendo de la ubérrima tierra chontaleña, se alza la voz telúrica de un joven que tiene sus raíces bien plantadas en los llanos de Santo Domingo, para evocar a sus ancestros mineros que hurgaron en las entrañas de la tierra misma.

El poemario “Lluvia en verano” está formado por siete secciones: Aguas, Lluvia en verano, Veranos, Elegías para un arquitecto, Taciturno, Silencios y Deshielo de ríos, todos ellos, cantos a la tierra en los cuales el poeta surge de los surcos, de las entrañas chontaleñas, como el Ser que es consciente de ser parte de todo, como dice el Popol Vuh hombres creados del barro mismo de la tierra.

Se adentra en los túneles cavados en la entrañas de la tierra y se vuelve parte de ella, se mezcla, revolotea y canta, escribe con sus “manos de barro” y así lo expresa en el poema que titula precisamente, Manos de barro:

 

De légamo has llenado mis mejillas,

mis manos adheriste a la vasija mortuoria de mis patriarcas

que vierten ríos de leche o sangre aborigen recogida

en las piedras de oblación: rito sagrado.

 

Hay  una constante mirada hacia sus antepasados, a quienes considera los forjadores de la vida en Santo Domingo, al tiempo que rescata los ritos ancestrales, hurgando en el pasado, recatando la memoria, aferrado a una vasija de barro. Porque el barro mismo es la vida, purificada con la sangre de la oblación, los ritos y rituales de los chontales que poblaron estos lares.

Uno de los poemas más representativos de este poemario es “Túneles” en el que el referente cercano y  querido son las minas, donde las generaciones anteriores hurgaron con la esperanza puesta en el mineral preciado. Estos mineros también fueron jóvenes y tenían un ideal que los nutría. Del trabajo de estos mineros nace el poblado.  Veamos lo que dice Cano:

Los jóvenes de otros siglos

envejecieron en estos túneles con las manos llenas de callos,

el cabello se les enjabonó, sus mejillas se marchitaron;

sus anhelos en ningún tiempo fenecieron: conquistar los colores

y pintar los paredones del túnel azur.

 

La aldea nació en los brazos de una mina,

los cascos, las palas, los picos rodaban…

 

Con un lenguaje sencillo pero hermoso, Cano pinta la épica de un momento de la historia de hombres que se adentraron en las entrañas de la tierra y allí dejaron su juventud, pero no sus sueños. De su trabajo nació la aldea, expresado metafóricamente en los versos “La aldea nació en los brazos de una mina”,  y usa la “humanación” al darle a la mina carácter humano: los brazos que acunaron la aldea.  Hoy, muchas minas se han agotado, porque han sido sobreexplotadas, mientras los mineros “envejecen enterrados en resudor salitre”. Es decir, los mineros se han fusionado con la mina, boca profunda de la tierra.

Con ese mismo tono telúrico, destaca el poema “Petroglifos sangrientos”, una afirmación de su identidad de hombre de la tierra, producto de ella, forjador de sus oquedades y salientes mineros: “Conozco la noche, porque labré / en piedras galactitas mis manos”. Y esa identificación con la tierra lo lleva a buscar más allá de lo visible (“lo importante no es visible a los ojos”) y descubre “Colosal colina, llena de petroglifos… fragmentos de vasijas sordas, / regadas por el llano; son retazos de nuestra historia”.

Esos fragmentos de vasijas nos hablan desde tiempos inmemoriales y nos cuentan la otra historia, la de los vencidos, la vida cotidiana escondida en una vasija de barro, nos habla de cantos, de rimas  y sueños.

“Lluvia en verano” se constituye en amalgama fina, barro amasado por manos intemporales, vasijas y minerales extraídos en tiempos que se pierden en el tiempo, pero que Alex Cano rescata para que no se olvide, que se sienta el olor a salitre del sudor minero, que sintamos las callosidades en las manos que forjaron los pueblos que viven en el llano chontaleño.

Son poemas para rescatar a los ancestros, la tierra, los cultos y ritos antiguos, la cultura de un pueblo que vivió y se multiplicó en “esta vaca echada” con sus ríos de leche y miel, como la recrea el poeta. Cano rinde homenaje a los abuelos de barro, a los mineros, hacheros, a todos los que forjaron con su esfuerzo, este bucólico pueblo,  este homenaje se centra en evocar la poesía de un poeta chontaleño que ha calado muy hondo en sus raíces nutricias poéticas, Guillermo Rosthchuh Tablada, quien en su imaginario, crea y recrea los llanos chontaleños.  Alex Cano sigue la ruta con ímpetu y nuevos bríos, porque “La vida no es la misma / cuando vuelves a ver atrás entre respiro y suspiro las espigas / son reventadas por el sol de las esperanzas…”

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Otro texto sobre Alex Zosa Cano

SONY DSC“Lluvia en Verano”, poemario de Alex Zosa Cano

El joven poeta Alex Zosa Cano, estudiante de Lengua y Literatura en FAREM Chontales, presentó recientemente su poemario “Lluvia en Verano”.