INCITACIÓN AL LECTOR

-Henry A. Petrie-

Ante el dominio global del mercado, no escapa a su influencia el arte y la literatura. Artistas y escritores son atrapados por el tejido empresarial del Riesgo/Oportunidad y Costo/Beneficio.

Todo producto –obra– es valorado con esta visión, imponiéndose el principio que “todo producto debe ser digerible para el mercado… / la calidad está determinada por la venta…” Y así, toda obra deberá ser sometida a este dictador, el mercado, único responsable de que la vida humana, día a día, se consuma en desbocadas carreras competitivas y consumistas.

En consecuencia, y refiriéndome específicamente a la relación Escritor/Lector, se han desarrollado algunos conceptos que deben ser observados, a razón de ubicar el verdadero propósito de la literatura; ponderar los imperativos históricos y sociales en su relación con diversas manifestaciones de la estética y el pensamiento humano. Particularmente es meritorio de análisis, la concepción de que el Escritor se debe al Lector y que al escribir debe hacerlo pensando en éste.

Desde mi punto de vista, en el hermoso y complejo arte de la creación literaria, existen dos grandes sujetos ineludibles: Escritor y Lector. La honra de ambos empieza en la libertad y la autenticidad. Se honra al Lector desde el mismo acto de la creación, hilvanando la trama de una historia que debe ser bien contada, escrita; la imaginación hecha conocimiento, experiencia. El Escritor se honra a sí mismo y entrega su obra al público con una personalidad dada, inherente.

Las preferencias de un Lector se establecen atendiendo a múltiples factores, pero indudablemente, en la lectura de aquellas obras que alcanzan sus manos, es determinante la identificación, ese encuentro de emociones y sensaciones, el toque mágico que el escritor incorpora y el estímulo espiritual que experimenta el lector.

¿Cómo debe ser visto o concebido el Lector? Una de las aproximaciones más certeras la expone Sartre, cuando afirma que el Lector es una persona honrada, que ejerce cierta función de censura llamada gusto. Pero además, define la lectura como “un pacto de generosidad entre el autor y el lector; cada uno confía en el otro, cuenta con él y le exige tanto como se exige a sí mismo”. Asumamos, entonces, que la lectura es creación, que como acto vivencial tiene vaivenes, ritmos y laberintos que nos llaman al gozo del conocimiento y la experiencia mediante el esfuerzo.

Otra cosa es crear un lector estereotipado, con determinadas características, limitado o superdotado. El escritor cometería pecado capital si subordina o condiciona su caudal creativo, expresivo y espiritual a este supuesto. Una obra se aprecia y acoge por su calidad, coherencia, su contexto histórico o social, la hilvanación de su trama, el lenguaje, laboriosidad de sus imágenes, el estilo de contar, narrar, describir; transmitir con claridad el mensaje, al margen de los recursos, de la sencillez o complejidad de su trama. Es cuestión de elecciones frente al cometido creador y expresivo. Cada historia, en realidad, adquiere la forma y el estilo que necesita para ser contada, escrita.

Cuando nos referimos al Lector, por provincial o cosmopolita, pobre o rico, popular o culto, en realidad también evocamos a un sujeto universal, pasivo o activo, que se manifiesta, demanda y exige según su acervo cultural, motivaciones vitales y alcances espirituales. No existe un solo tipo de lector, a como tampoco una sola forma de decir, expresar. La infinitud de la literatura es lo que la hace eterna, pese a sus formas o vestiduras.

El escritor es una entidad creadora, sujeto transformador, cuya principal enfermedad son las ataduras históricas y sociales. ¿Obedece a alguien más que no sea su flujo imaginativo? ¿Su libertad creadora debe estar condicionada a esnobismos? ¿Hasta dónde el escritor obedece a su obra, o es que indefectiblemente ha de negarse a sí mismo, a fin de complacer no sólo a un editor amante del marketing, sino también, corresponder a la idea de un “tipo” de lector?

Al respecto de esta última pregunta, es evidente que estamos ante el paradigmático caso de la irrestricta libertad creativa y de expresión, frente a la realidad sociocultural de muchas sociedades del mundo: elevados índices de pobreza y analfabetismo. El siglo XXI ha nacido avergonzado de semejante herencia injusta e inmoral. Observamos casi impotentes el dilema – ¿amenaza?– que marca nuestro devenir humano: el desarrollo tecnológico como causa de brutalidad y pereza mental, o, como agente motor de la evolución espiritual y material, inteligente, trascendente, de la especie humana. Si el último factor del dilema predomina, seguramente veremos transformarse una realidad vergonzante -y por vergonzante, inaceptable-: los analfabetas de hoy, deberán ser los cultos del mañana. ¿Ficción? Quizá la utopía de Thomas Moro.

El potencial imaginativo y creativo del escritor no es cómplice de la ignorancia ni la mediocridad; no se reduce a ligerezas ni simplicidades, no puede caer en la trampa del frío cálculo ni en los artificios estadísticos. ¿Imaginación para qué? ¿Para reducir capacidad al ser humano o ampliar sus horizontes?

Sorprendente: el lector puede resultar abstracto como concreto, hipotético como patético, uniforme como diverso, local como universal; y por ello, asumamos sus múltiples características como parte del mágico reto de un mutuo encuentro de la obra y el lector, creándose entre sí, (Carlos Fuentes).

Algunos escritores, frente a la inmensidad del reto imaginativo, justifican sus entendibles limitaciones cuando asumen una conveniente calificación del lector; se trata de una actitud cómoda, poco exigente para consigo mismo, reduciéndose a pretensiones literarias y facilismos. En realidad, ¿qué hay detrás de la expresión Escribir para el lector? Posiblemente la bondad del escritor de dirigirse a un lector que quizá entienda limitado, o en todo caso, poco diestro para comprender los entramados de una historia. Tal vez, también, estemos ante un soberbio caso de subestimación, donde al lector se le ve con poco poder imaginativo –acaso, ¿la imaginación es sólo propiedad de escritores?–. En todo caso, el escritor debe escribir lo mejor que pueda, haciendo uso de su caudal creativo, con el pleno convencimiento que habrá más de un lector que se sumergirá en el mágico laberinto, incorporando a la obra su cuota de imaginación. El lector participa activamente de la obra, haciéndola suya, disponiendo de ella.

Obvio, el destino final de una obra es el lector, pero no es este destino el que condiciona el contenido ni la forma de una labor creativa. La escritura tiene una función social histórica clara: la lectura, la transmisión de conocimientos de una generación a otra, construir los grandes archiveros de cuantas civilizaciones humanas existan o haya existido en el planeta. Entonces, la lectura, además de recreativa, es didáctica, en tanto aporta al crecimiento espiritual y cultural de los pueblos. Ninguna historia acaba con el Punto Final; continúa, se prolonga en la mente y el corazón de los lectores, acaudalando su poder imaginativo.

La tendencia a subestimar al lector resulta pedante y retrograda, en tanto “identificar literatura con ligereza y diversión en nombre de la accesibilidad popular, es hacerle un flaco servicio a la creación y a la democracia” (Guelbenzu). Tanta calidad debemos esperar de una obra, como exigencia de quien la lee, porque no sólo es capaz de leer lo que entre párrafos y capítulos se escribe, sino que va más allá de lo expresado en tiempo presente o pasado. Los más destacados escritores han sostenido que “el lector conoce el futuro”.

¿Defender al lector o a la literatura en general? Prefiero lo último en tanto es parte sensitiva de buenas tradiciones humanas, porque literatura no es sin escritor ni lector, porque el primero debe ofrecer calidad y el segundo exigirla, parte del arte de la lectura es saber elegir, adquirir. En la literatura obtenemos una invitación permanente al vuelo compartido, donde tanto escritor como lector están enfrentados al descubrimiento, al encuentro, y seguir inventando.

El flujo de la creación y el poder de la imaginación no pueden ser presa ni cómplices de la injusticia institucionalizada en nuestras sociedades (atraso, analfabetismo). Pero claro, y a pesar de que los escritores inventan mundos y personajes, existe una constelación inmensa que acuña secretos y misterios: los pueblos, las gentes.

El escritor abraza una misión respecto a la humanidad, y su creación busca por naturaleza la libertad, cuando es genuino. Construye utopías desde sus silencios y soledades, vive y sufre la vida, trata de cambiarla, transformarlas con la palabra que debe ser origen de toda gran acción; para que una obra prenda en la gente debe saber hurgar el murmullo reclamando ser historia, encontrar el lenguaje preciso, las imágenes y símbolos adecuados, coherencia.

Apuntar hacia el horizonte, transgrediendo el actual estado de cosas; aprender más que de la palabra sin contenido, del contenido que dignifica la palabra, que la rehace, porque es acción.

Algunos exponentes locales de la cultura creen, que por el bajo nivel educativo o académico de un pueblo, la literatura debe “consagrarse” para siempre al “aldeísmo” y al facilismo, es decir, preocuparse más por las limitaciones que deben ser superadas que por la obra misma.

Debemos reflexionar sobre los grandes retos de la literatura de cara a la permanente amenaza del embrutecimiento, adormecimiento de la capacidad crítica y trascendencia del ser humano. En la carrera desenfrenada del mercado y el consumismo, grandes obras han sido soslayadas, que siendo más o menos extensas, más o menos complejas, constituyen valiosos testimonios humanos que pautan desafíos para la culturización y realización del ser humano. El hecho de que esas grandes obras no estén al alcance de cuantos ciudadanos sean posibles, es el problema fundamental de la sociedad entera, en tanto representa su vergüenza y fracaso espiritual.

Frente al desafío social y humano, es obvio que, escritores y lectores, tienen un reto mayúsculo: la lucha por la palabra, por el conocimiento y la inteligencia, la permanente y utópica búsqueda de la verdad. La acción. El reto por una sociedad que supere y vaya más allá del reductismo al que estamos sumidos. Para unos el ideal –acaso romántico– se reduce en el atentado contra vidas ajenas, y para otros, en la reacción-respuesta, igualmente violenta, bélica y sangrienta, contra el ser humano.

El concepto “simple lector” no expresa ni hace justicia al significado que debiese tener para el escritor el destinatario final de su creación. Quizá, en un esfuerzo interpretativo de lo que sugiere el concepto, refiere un segmento de lectores, cuya vocación por la lectura no es tan exigente, minuciosa, permanente ni culta. Y por supuesto, en dicho concepto se encuentran ciertas limitaciones que no sólo están referidas al manejo de vocablos y capacidad de entendimiento, interpretación; sino también, al hábito, técnicas, actitudes frente al reto y fascinación de la lectura.

Lo forjador es ir en busca, al encuentro de un Lector que intervenga en el proceso creativo, que añada valor a la obra, que la enjuicie, se debata con ella y construyan sus propios códigos de interpretación de la realidad-ficción, o, ficción-realidad. El lector activo obliga al escritor a ir en busca de lo oculto, y ser capaz de imaginar, junto a él.

Quizá, a esto se refería Italo Calvino, cuando da al lector mayores grados de inteligencia que al autor. Afirma que el primero sabe el futuro, y que seguirá allí, cuando haya desaparecido el escritor. Siempre habrá un lector, y seguramente en el futuro –de superarse los grandes flagelos sociales– serán más numerosos y mucho más cultos que hoy.

Escribir pensando en el lector como sujeto pasivo, obediente al dictado de las cuartillas, sin acción ni reacción, esperando el plato servido y con sobremesa, evitándole complicaciones, buscando su beneplácito y elogios gratuitos, no es más que aplaudir y establecer vecindad con quienes crean sistemas y doctrinas “plebeyisantes”, cuya basificación es el fanatismo y fundamentalismo, productoras de ideas mesiánicas y maniqueístas, que disponen a multitudes para ir en cumplimiento de un “mandato divino”, contra algún “hereje” que osó cuestionar –hurgar– la naturaleza de demonios y ángeles, adjudicar a una revelación la mezcla de lo satánico y lo divino (caso Salman Rushdie). Incontables “locos” han sido asesinados y condenados por aventurarse a escudriñar lo que está tras la realidad inmediata, por hacer añicos convencionalismos y verdades aparentes, por desenterrar trascendentales secretos que yacen en pantanos del pasado o en negativos del presente. Muchas verdades en las que hemos creído han resultado mentiras, premeditados engaños o lamentables medias verdades.

Y este reto, corresponde asumirlo a esos dos grandes sujetos de la literatura: Escritor y lector, encaminándose hacia el encuentro creador, acaso para provocar el principio.

Managua, 04 de Febrero del 2002.

(Ensayo publicado en Nuevo Amanecer Cultural, el día sábado 9 de marzo de 2002).

 

LA COSMOVISIÓN DE CARLOS TÜNNERMANN BERHEIM

Presentación de Libro ” Academia, Humanismo y Arte amatorio en la Obra y trayectoria de Carlos Tünnermann Bernheim” . Autora: Margarita López Miranda. 

En nombre del Consejo Directivo del Foro Nicaragüense de Cultura, nos honra presentar este libro del Dr. Carlos Tünnermann Berheim, que da mérito a una cosmovisión con ejes claros en la educación, en la formación ciudadana, en la filosofía política, en el mundo Dariano, -que dicho sea de paso acaba de publicar un libro sobre cartas inéditas de Rubén- y por supuesto arista cardinal de su vida, la poesía en general y poesía amatoria en particular, inspirado y dedicado a su musa Rosa Carlota.

El Dr. Tünnermann aparte de los cargos mencionados y ya conocidos, se le debe agregar el ser fundador del Foro Nicaragüense de Cultura y miembro de sus primeros consejos directivos.

En el Foro recordamos con cariño y ternura una anécdota que nos nutrió a todos, por su iniciativa, el Foro, dentro de sus primeras publicaciones editó un libro a Madre Rosa Inés, en la vida civil era Piedad Medrano Matus, nacida en León en 1914, su libro era un poemario Místico titulado “Del amor que me cautiva”. No pudimos hacerle formal presentación de su libro, ya que estaba muy delicada de salud, sin embargo pudo leer su obra antes de su último suspiro.

De esa contemplación, de ese puente que une el alma misteriosamente con Dios, recordamos a Fray Luis de León cuando escribía:

Que descansada vida
La que huye del mundanal ruido
Y sigue la escondida senda, por donde
Han ido, los pocos sabios que el mundo han sido—

Su trabajo es su pasión, y esta se desdobla en letras, pensamientos, reflexiones, inquietudes, cuestionamientos, dice Julio Valle que el Dr. Tünnermann señala y al señalar enseña, y le agregamos que al enseñar, aprende, y al aprender vive en plena concordancia con su esquema de valores , de motivación militante en el escardar las negatividades y egoísmos, todo lo conjuga a descubrir todas las posibilidades de desarrollo humano, con la convicción, como diría Carlos Fuentes de que “las posibilidades que negamos son solo las posibilidades que no conocemos”.

Tejedor de sueños, sin perjuicio de las diferencias, en ese transitar a veces sinuoso, ha perseguido siempre la llama salvadora de nuestra identidad cultural, primero para reforzar sus raíces y luego para que adapte y adopte los valores que forjan esa difícil construcción de una renovada cultura política. Forma y fondo de todas las actividades del hombre. En una dinámica que Jean Jacques Rousseau sintetizaba así:

“Más que hacer república hay que sembrar la república en el corazón de los ciudadanos”.

Huidobro de alguna manera lo señala en uno de sus versos al decir:

Darse prisa, darse prisa
Están prontas las semillas
Esperando una orden para florecer
Paciencia ya luego crecerán
Y se irán por los senderos de la savia. 

Y qué decir de su poesía pie y base del romanticismo descarteano: Amo, luego existo. y es que su poesía es un dialogo vivencial permanente con su querida Carlota, imágenes translúcidas, correspondencia biunívoca de sentimientos.
Por algo con esa percepción mágica que desentraña los nudos del alma, ya PAC le había advertido “Cuídese Ud. lleva adentro un poeta”.

La belleza de su Rosa Carlota a los 50 años de casados a quien le dice: “Como amo a la niña y a la joven, que descubro siempre en tu miradas” Que esplendida armonía, que exquisito coloquio. Cuando contempla en su musa esos hilos de plata que solo añaden resplandor a su cabello. “Rostro sereno. Sonrisa de madre. Bastión de solidaridad¨.

Como dice Nydia Palacio, tanto Coronel Urtecho, como José Cuadra Vega, sus musas doña María y Doña Julia, son ejes de su pensamiento, de su vida y de su obra, igual sucede en el caso de Carlos y Rosa Carlota con tal nivel de intensidad, que él la pinta en sus poemas y ella lo describe en su pintura.

Cairo Amador
Presidente Foro Nicaragüense de Cultura 

VIDALUZ MENESES PREMIADA POR INTERNATIONAL LATINO BOOK AWARDS

El libro bilingüe Flame in the air (Flama en el aire), de la  poeta nicaragüense Vidaluz Meneses fue clasificado en la categoría The best poetry bilingual book, (el mejor libro bilingüe de poesía),  por lo que recibió una placa de reconocimiento y broche de honor en la ceremonia de International Latino Book Awards, de Las Vegas.

Este poemario bilingüe, Flame in the air (Flama en el aire), es una compilación de poemas, notas y biografía realizada por María Roof, profesora de Howard University, de Washington, D.C.

“La excelencia académica de María Roof, indudablemente contribuyó a que mi poesía fuera editada y presentada con dignidad”, dijo la poeta con orgullo. Asimismo agradeció la solidaridad de Roof, que destinó recursos de su jubilación para costear la participación de Meneses en el evento.

 

Este premio, destacó la poeta nicaragüense, ha sido anteriormente entregado a escritoras como Gioconda Belli, Isabel Allende, la Magistrada de la Corte Suprema de Justicia, Sonia Sotomayor y al reconocido novelista chicano Rudolfo Anaya.

En este sentido, Flame in the air, viene a sumarse a otras obras bilingües, como la “Antología  de poesía norteamericana” de José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal, las de Steve White, y las del británico Pring Mill.

 Su obra está siendo distribuida por Amazon

VIDALUZ MENESES LLAMA EN EL AIRE: POESÍA BILINGÜE EDICIÓN

Vidaluz Meneses proporciona una visión de gran alcance en el proceso poético, y  como ella identifica episodios particulares en la que surgieron poemas específicos, y explica cómo volvió a trabajar esas experiencias y las convirtió en poesía.

 

Historias Urbanas o los cuentos de  Edwin Yllescas

Me place en esta ocasión presentar el libro “Historias Urbanas” de Edwin Yllescas Salinas, un hombre de talento y sensibilidad, virtudes que conducen al laberinto de la soledad.

El talento sensible es puente de creación y armonía. Claro, tampoco esto es linear, tiene sus encuentros y desencuentros, sus altibajos, su zénit y su nadir, y es la diosa blanca la que le da equilibrio y trascendencia.

Me place en esta ocasión presentar el libro “Historias Urbanas” de Edwin Yllescas Salinas, un hombre de talento y sensibilidad, virtudes que conducen al laberinto de la soledad.

El talento sensible es puente de creación y armonía. Claro, tampoco esto es linear, tiene sus encuentros y desencuentros, sus altibajos, su zénit y su nadir, y es la diosa blanca la que le da equilibrio y trascendencia.

Edwin, siendo un “rarus avem”, no está solo, lo acompaña toda una generación, y ya la historia le dio su sello. La Generación traicionada.  Lo primero que salta es ¿Traicionada en qué, por quiénes; en todo caso porqué traicionada?

Su repuesta no está en ellos, al tiempo que no escapa de ellos, tiene una connotación nacional y una importante arista internacional que se conjuga en una doble traición.

Por el lado del terruño, rompen tradición de la intelectualidad conservadora, Dios, Patria, Orden, Justicia, rompen con ese yanquismo promovido por el régimen somocista que incluso tiene su expresión popular en canciones como la de nuestro Rafael Gastón Pérez en la que dice:

“Yo no le creo a Gagarin, que estuvo cerca de la luna… que estuvo cerca de marte…yo si le creo a Mr. Shepard etc…”. No tienen paragua político alguno, aunque son grandes críticos políticos.

Son como dice Iván Uriarte en su artículo  del autor y sus obras “una cuasi institución anárquica, que se declaran en contra de la aridez y pedanterías de los tecnócratas incaistas y los marxistas emplanillados”.

La oposición luego de la masacre del 67, pacta con Somoza… el “Kupia Kumi”. Ese bendito Principio del fin, con la muerte del dictador lo miran y lo sienten muy largo, y cuando al por que cuando llega su conclusión el somocismo, viene el famoso o cambio y se encuentren de nuevo sin techo político.

Casi  parafraseando a  Proust, van en búsqueda del tiempo perdido, lo encuentran, para volverlo a perder. Todo un Sísifo literario, y esa piedra filosofal, social y cultural es mucho más pesada.

Por el lado internacional, se apuntan a esos atisbos del cambio social, anunciados por la descolonización, en especial la revolución de Argelia, con Ben Bella y Túnez, con Habib Bourguiba y por supuesto, por la gloriosa revolución Cubana con de Fidel, Che, Camilo, Raúl…..

Ese embelesamiento como todo lo idílico es fugaz, Ben Bella termina preso, Habib Bourguiba… le sucede un dictador, la idealizada revolución cubana se  ve precisada a saludar la invasión de Checoslovaquia, los gringos consistentes con sus intereses expresados en términos de poder, invaden República Dominicana, y luego inician Viet Nam, los chinos con sus revoluciones culturales tratan de ahogar su propia cultura.

En el mundo de las ideas, no hay homogeneidad, Albert Camus en conflicto con Sartre, Aron desmistificador de la nueva Utopía comunista la llama, la “Utopía catastrófica”,  Mario Vargas Llosa después de ser  el primer enviado de Le monde a la Habana y de ser presidente del Premio Casa de las Américas, se torna furibundo anti-castrista, Gabo en cambio se une al vagón cubano, ambos se separan en México, no sin antes mediar saludables golpes.

El 68 de París, de Tlatelolco, de Córdoba y el inicio posterior del movimiento estudiantil de Managua, los impulsa a apoyar este surgimiento de fuerzas sociales, sin abandonar su pensamiento crítico, mismo que les condujo a  la puerta de salida  ya en los 80.

Al final como al principio toda  una generación solitaria, desolada, desesperanzada, dispersa y siempre independiente, mas allá de las ideologías, centrada en la rigurosidad de sus textos literarios.

Su academia, su Eliseo, sus tertulias, su alma mater, fue en la Cafetería la India, lugar público con un círculo muy exclusivo de poetas, y pintores, llegaban muchos ajenos, pero al decir de Uriarte su entrada y salida eran totalmente desapercibidas.

Su  éxito: Eran estrictos en su cuestionamiento del texto literario, de nuevo con Iván Uriarte cuando dice “Se leía en voz alta, se hacían observaciones, acotaciones, críticas severas e inclusive se rompía el texto en mil pedazos en las narices del debutante” El camino de la calidad había que pulirlo de forma sistemática.

Cafetería la India era también un exilio interno, un foro permanente de discusión filosófica, social, política, nido de iconoclastas, agnósticos y libres pensadores, se adelantaron al 68 de parís… “La imaginación al poder”, “República” de poetas y pintores.

Y en ese compartir de poetas y pintores. Los poetas salieron apreciando más la pintura, los pintores con mayor inspiración en la poesía. Ambos chocando copas en cataratas de hermandad y solidaridad. Situación que hoy en día es simplemente una nostalgia más, de otra oportunidad perdida.

Bueno, ya en HISTORIAS URBANAS,  iniciamos con Alejandra, una historia de un amor en el contexto de los ochentas; El discurso del primo parte de una fina ironía al libro de Jaime Wheelock, dice acerca del frijol, tema actualmente en boga “hasta ahora el nicaragüense, ya no digamos el granadino, o el leonés, ha pasado por alto que el arroz blanco y el frijol rojo son símbolos del cordero y el vino, no en vano sí se sustituyen por los negros o blancos esa combinación resulta teratológica”.

 En Johanna Mcoy, nos recuerda la vieja Managua, la revista de Pilú Ocampo, la discoteca del Balmoral, la 747, el pensamiento clave de ese cuento “vos y tus equivocaciones son dos personas”.

La espalda de papel, el personaje de Jaime Icaza se parece a muchos de nosotros.-hombres con el mayor número de libros sin escribir.  Cuando tenía el borrador de borradores, su novia Laura, le dice: “para leer libritos búscate otra. Además a mi no me andes hablando como Carlitos Martínez Rivas”.

En lección del Juez Ti, en su descripción del Juez Ti, encontramos una definición que describe al personaje y al autor “posee una habilidad para presentar como fantásticos los hechos más reales de la vida cotidiana y como si fuera poco su capacidad para presentar como reales los hechos más fantásticos de la vida real”.

El caso de la mujer duende –quiso ser y no fue o peor aún fue sin recuerdo consciente? He ahí el dilema.

En la paz del insomnio se plantea como vencer el insomnio al sueño al final no vence el sueño pero tampoco queda insomne, vive su vida  cotidiana.

En las tardes del escultor José Leimus, evoca el libro de la sociedad del espectáculo, no el de Vargas Llosa, que sí recoge el concepto, si no el del francés que por hoy no recuerdo el nombre, pero coincide en lo de qué “cada rostro se parecía más al otro que era el mismo”.

Toda la fórmula rostro- imagen – imagen que es el rostro- máscara que es la cara.  Ambos decían lo mismo. No decían nada, todo un coloquio del silencio.

Historias Urbanas tiene su detective, Tony Salamanca, “Tony Sal” para los amigos, versiones en varios cuentos y la amenaza de agrandar sus aventuras.

La confesión del sabio en dos versiones gira alrededor de que la punción hepática fue un acto de venganza. (Darío y el sabio Debayle).

Referencias a variedades de películas y artistas, expresión de una vasta cultura de cine.

Carlos Pérezalonso en un próximo artículo por publicarse con el título: 20 notas sobre Edwin Yllescas, expresa que Edwin en búsqueda de la ciudad y del personaje ejerce esa acción de deambular, que de acuerdo a Sábato es ver, vivir, sentir, criticar, gozar, sufrir la ciudad.

“Edwin Yllescas es un deambulador nato. Desde sus poemas iniciales, bucólicos y mansos, hasta sus poemas ultravanguardistas, llenos de ira literaria, hasta los últimos, reflexivos y dolientes como los de “Mordiscos de Ángel”, recorre las calles de su urbe interior y se pregunta ¿por qué yo? Y toma los elementos de la otra urbe, la de afuera y los utiliza para crear, armar, una estructura poética como un edificio que va tomando forma y sale a buscarla por las calles infructuosamente”.

Historias Urbanas abarca dos continentes y más de cinco ciudades entre ellas Miami, Washington, México, Los Ángeles, Managua, Madrid, Viena.

Historia Urbana, en alguna manera y probablemente en mas, somos todos nosotros, todos los que conocemos, los que hemos oído hablar de ellos, todos que somos uno.

La ciudad moderna, esclava de sí misma, altar del consumo, donde nos identificamos con la forma y éxitos de otros que son ajenos a nuestra existencia.

Vamos cargados de sueños no alcanzados, mutantes en pesadilla, desdichas ocultas, rostro y máscara que se complementan para alejarnos de nosotros mismos, festín sadomasoquista en donde gozamos y sufrimos la ciudad.

 

Cairo Amador

Presidente del Foro Nicaragüense de Cultura

Managua 18 de junio del 2014.

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